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Ese día llovía hierro y los armónicos se esparcían por el suelo. El agua es lo único que podía atravesar una jaula. En ese momento, el az...
Ese día llovía hierro y los armónicos se esparcían por el suelo. El agua es lo único que podía atravesar una jaula. En ese momento, el azar decidió que la puerta se abriera a tiempo, dejando escapar una manta tejida de ilusiones, miedos, notas y sueños...
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