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LABORATORIO DE MICROBIOLOGÍA HOMEOPÁTICA: LINFOCITO

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Published on Apr 15, 2011

Los linfocitos B son los leucocitos de los cuales depende la inmunidad mediada por anticuerpos con actividad específica de fijación de antígenos. Las células B, que constituyen un 5 a 15% del total de linfocitos,[cita requerida] dan origen a las células plasmáticas que producen anticuerpos.

Los linfocitos son de dos tipos principales, atendiendo a su origen y función: células T, que se diferencian inicialmente en el timo, y las células B, que se diferencian en el hígado y bazo fetal, y en la médula ósea del adulto (la 'B' proviene del latín Bursa fabricii, el órgano en el cual se desarrollan los linfocitos B en las aves). Durante su desarrollo, los linfocitos T y B adquieren receptores específicos para antígenos, el de las células B se le conoce como Receptor de linfocito B (BCR).
Los anticuerpos son las moléculas de la inmunidad humoral específica y una de sus principales funciones fisiológicas es la defensa contra los microorganismos extracelulares y las toxinas producidas por los distintos agentes microbianos. Aunque los blancos de los anticuerpos son comúnmente bacterias extracelulares, hongos y parásitos extracelulares, estas moléculas tienen también un papel muy importante en el control de los procesos infecciosos producidos por los microorganismos intracelulares obligados, tales como los virus, debido a que pueden reconocerlos antes que ellos infecten las células o cuando son liberados como viriones desde las células infectadas. Sin embargo, a pesar de su alta especificidad por microorganismos y toxinas microbianas, los anticuerpos requieren de otros mecanismos efectores, tales como el complemento, las células fagocíticas y las células citotóxicas para eliminar los antígenos.

Los anticuerpos son producidos por los linfocitos B una vez reconocen el antígeno y reciben señales accesorias por parte de los linfocitos T. Este reconocimiento y activación de los linfocitos B ocurre en los órganos linfoides secundarios, hasta donde llegan los antígenos sea en forma libre o transportados por las células fagocíticas mononucleares. Una vez ocurre la activación, los linfocitos B proliferan y un porcentaje de estas células se convierte en células plasmáticas, las cuales son la principal fuente de anticuerpos durante una respuesta inmune. Luego de ser secretados, los anticuerpos entran al torrente circulatorio, difunden hacia los tejidos extravasculares o pasan a las secreciones mucosas para interactuar con los antígenos. Por lo tanto, aunque el reconocimiento inicial de los antígenos ocurre en sitios precisos, la fase efectora de la inmunidad humoral es sistémica.

Algunas de las células B que reconocieron el antígeno y fueron activadas, migran a través del organismo para ubicarse en distintos órganos linfoides, particularmente la médula ósea y el bazo. Dentro de esta población de células, una parte importante continúa produciendo anticuerpos aun años después de que el antígeno es eliminado, pues recibe los estímulos derivados de otras respuestas inmunes contra diversos antígenos a los que se expone el individuo. Otra porción de células B queda como células de memoria con una menor capacidad para producir anticuerpos. De esta manera, si un antígeno o microorganismo ingresa de nuevo al individuo, las células que permanecen produciendo anticuerpos dan los niveles suficientes para tener una protección inmediata contra la infección, mientras que por su lado las células B de memoria se activan un poco más tardíamente para proveer una respuesta mucho mayor de anticuerpos que proteja durante un tiempo más prolongado.

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