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Saborit presenta Más al Sur en el IVAM

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Published on Apr 30, 2012

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La pintura de José Saborit propone en esta muestra un viaje que va desde la figuración despojada de anécdota, desde la reflexión sobre paisajes próximos a la mirada del autor hasta la abstracción. Una invitación a desplazarnos desde el color a la ausencia de color. Una búsqueda del blanco entendido como la esencialidad a partir de la cual la conciencia emprende su tarea creativa. El blanco interpretado como un necesario trabajo de despojamiento ante la abundancia icónica del presente, para potenciar así la intensidad de nuestra experiencia.
Se abre con la serie Doble sombra y algunos paisajes que nos hablan de lo cercano en una suerte de retorno al origen, en ese fijar el contorno de los detalles de la vegetación mediterránea convertida en sombra y luego en trazo de pintura. Al principio, también, de la mirada emocionada, de cerca, sobre la naturaleza circundante que hace el paisaje, su paisaje. En este trabajo de apariencia más modesta se cifra uno de los presupuestos básicos de la actitud del artista. La pintura se ocupa de lo diminuto y también de lo inconmensurable, de lo humilde y de lo opulento. La mirada del pintor constituye una acción de gracias hacia lo visible y lo invisible, hacia lo próximo y lo remoto, hacia lo que parece minúsculo y hacia lo que se diría inmenso.

Se trata de un asunto de distancias, de una nueva proporción de las cosas. Saborit establece un doble punto de anclaje en lo cercano: la contemplación de los montes de Náquera, Serra, Porta-Coeli y la Calderona, por un lado, y de la Albufera, por otro. Entre ambos accidentes geográficos se despliega nuestro cielo, los bellos amaneceres y los espectaculares atardeceres en el horizonte de Valencia. Uno de sus grandes aciertos es saber dotar a los cielos --esos cielos sin modelo, recién inventados- de su importancia capital. Porque el cielo y la luz son los elementos que dan al paisaje su verdadera configuración, y no la tierra. La gradación lumínica es lo que otorga diferencias auténticas a lo que contemplamos. Aquello que da "movilidad" a la materia.

Ya en el siglo XVII los apuntes y las anotaciones de viajeros, científicos y pintores serán claves para el desarrollo de la meteorología, el estudio de las nubes, de la luz y la construcción estética del paisaje, más allá de la mitología, del impulso alegórico, hacia una necesaria y completa comprensión geográfica del mundo que enriquece la pintura de paisaje y le da alas entre los siglos XVII y XIX. De hecho, las grandes expediciones científicas contaban entre sus tripulaciones con artistas encargados de documentarlas.

Así, Saborit ha ido ampliando también su visión del paisaje estudiando, inventando y alterando los aires de los lugares que ha contemplado y admirado a lo largo de sus viajes. Del Mediterráneo al Atlántico y, de éste, al Pacífico, la experiencia del mar y de sus horizontes se hace constante -todo el mar es el mismo mar, aunque nunca sea igual-; hasta llegar más al Sur, de Punta Arenas a isla Navarino y a isla Rey Jorge en la Antártida, paisaje ahistórico: aquel que no alteran apenas las estaciones ni se relaciona con los destinos humanos, el de las nieves perpetuas atrapadas en ventisqueros y glaciares, un paisaje todo blanco, donde las diferencias son casi inapreciables. Más allá del confín hay un paisaje interior que no se corresponde con ningún lugar concreto, que es una disposición del ánimo.

¿Existe acaso un acercamiento entre paisajes lejanos? ¿Existen los universales paisajísticos, que el ojo del buen pintor descubre? Está claro que las emociones humanas y los intereses de los individuos son universales, por encima de las circunstancias del espacio y del tiempo. Nos movimos y nos moveremos por las mismas inclinaciones, por las mismas ambiciones, en virtud de las mismas pasiones. ¿Acaso es posible que la emoción estética que propicia la pintura, igual que sucede con la emoción humana de la subsistencia, estreche las latitudes y los horizontes hasta volverlos uno, hasta convertir la diversidad de la geografía en una unidad geográfica superior? ¿Es la pintura, en su multiplicidad, un rito de persecución de lo elemental eterno?

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