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REFLEXIONANDO SOBRE LA FE - "LA MUJER QUE PADECÍA FLUJO DE SANGRE"

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Published on Jan 30, 2017

REFLEXIONANDO SOBRE LA FE
La mujer que padecía de flujo de sangre y tocó el manto de Jesús

(Lucas 8: 43, 44; 47, 48) “Pero una mujer que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años, y que había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había podido ser curada, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; y al instante se detuvo el flujo de su sangre… Entonces, cuando la mujer vio que no había quedado oculta, vino temblando, y postrándose a sus pies, le declaró delante de todo el pueblo por qué causa le había tocado, y cómo al instante había sido sanada. Y él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado [sanado]; ve en paz”.
Jesús le dijo a aquella mujer, que su fe la había sanado de aquel flujo de sangre que padecía.
¿Qué impulsó a aquella mujer a tocar el manto de Jesús? Aquél no fue un impulso desesperado y vacío, sino que fue producto de una fe, de su fe. Esa fe la había sanado, porque la tenía.
Pero si esa mujer tenía fe, ¿por qué no recibió antes la sanidad?, pues pasó doce años enferma, gastando todo su dinero en médicos. ¿Por qué fue justo cuando estuvo al lado de Jesús que esa fe actuó para sanidad?
Vemos que fue la voluntad explícita de Dios que esa mujer fuera sanada en un momento determinado, y por Jesús.
Esa mujer no podía usar su fe como hubiera querido para su beneficio, sino según la voluntad determinativa de Dios.
La fe que tenía esa mujer, no procedía de ella. Fue Dios quien se la dio para ese momento concreto, para esa acción concreta.
Cuando la mujer exclamó para sí: “si tocare solamente su manto, seré sanada” (Mt. 9: 21), estaba siendo inspirada por el Espíritu Santo, obrando conforme a la voluntad de Dios Padre.
Ninguna fe tiene el hombre por sí mismo.
Por eso decimos:
SOLI DEO GLORIA

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