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EL MOLINO DEL TÍO ALBERTO "UN TESORO ESCONDIDO"

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Published on Jun 18, 2012

El Molino de Tío Alberto "UN TESORO ESCONDIDO"
En el mes de febrero de 2011, abría sus puertas El Molino del Tío Alberto ubicado en Villafranca de la Sierra, después de su rehabilitación y acondicionamiento, tras los trabajos de recuperación realizados en los últimos tres años.
Este molino harinero, calificado por los expertos como "uno de los tesoros escondidos de la provincia", se convierte en eje y motor de una ruta que tiene aquí su punto de partida y que gira en torno a los molinos de agua dispersos por el Valle del Corneja, entre Villafranca de la Sierra y Bonilla de la Sierra, de unos 25 kilómetros de recorrido, aproximadamente.
Dada su privilegiada ubicación, en la carretera que une los municipios abulenses de Villafranca de la Sierra y Navacepedilla de Corneja, el Molino de Tío Alberto llama la atención desde la carretera, ya que quien pasa por la zona se fija de inmediato en una espectacular cascada de agua que se forma desde el inmueble sobre el río.
A finales del año 1999 murió D. Alberto Jiménez Montenegro, conocido como Alberto el molinero de Villafranca. Alberto era un personaje de gran calidad humana que se caracterizó siempre por el amor con que cuidó a su molino y por el placer que sentía enseñándoselo a los numerosos visitantes que se acercaban para verlo. Alberto mantuvo su molino, en perfectas condiciones de uso (es decir, corriente y moliente) hasta el final a pesar de que hacía años que ya no realizaba actividades económicas. Este conjunto harinero está formado por una serie de antiguas edificaciones adosadas en torno al molino, y, supone, un ejemplo de industria molinera característica del aprovechamiento hidráulico del río.
Puede afirmarse que este molino de cubo es una pieza singular, tanto por su estado de conservación, como por su emplazamiento, el más caracterizado ejemplo de los numerosos molinos, hoy ya desparecidos, que desde hace siglos aprovecharon la energía hidráulica de las gargantas donde nace el río Corneja.
El molino de Alberto, junto con la vivienda integrada en él, más la cacera, el cárcavo y el resto de las instalaciones propias de estos ingenios preindustriales, forman un excepcional conjunto de arquitectura popular. Además, el paisaje en el que está emplazado es de una belleza sencillamente abrumadora: baste recordar que en este valle -a unos centenares de metros aguas abajo del molino- vino a vivir el pintor Benjamín Palencia.
El camino de acceso al molino parte de la carretera que une Villafranca de la Sierra con Navacepedilla de Corneja, mediante un camino que cruza el río a través de un pequeño puente. El molino consta de una cacera que recoge el agua río arriba y la transporta hasta el cubo donde pasa por un canal de sillería casi vertical; la fuerza de su caída mueve la maquinaria del molino, saliendo finalmente a través de un cárcavo adintelado, en una hermosísima cascada que vuelve las aguas al río.
Las edificaciones se componen del molino propiamente dicho, que es una construcción de una planta donde se sitúa la maquinaria de moler el grano, con un pequeño espacio semienterrado, el cárcavo, donde llega el agua de la cacera. Su superficie construida es de 42 m2. Dentro del volumen del molino se ubican todas las piezas y máquinas de la molinera, entre las que destacan el rodezno, el saetín, el castillete, las piedras molineras dentro de su guardapolvo, la tolva, el cedazo, etc. siendo una instalación que, mientras estuvo funcionando, producía también electricidad para el consumo propio, mediante una pequeña dinamo conectado al eje motor.
Adosado a este cuerpo está la vivienda, donde vivía el molinero y su familia, con una superficie de 130 m2, en una sola planta, a la que se accede por la calle interior donde nos encontramos y cuyas dependencias se distribuyen en torno a un pasillo central, que sirve también para llegar al molino. La vivienda se compone de cocina con fuego bajo, sala, tres dormitorios o alcobas y dos piezas de almacén o despensa. Dispone de un sobrado donde se guardaban las trojes de los excedentes de la molienda.
A continuación se sitúa la cuadra, con una superficie aproximada de 50 m2, a la que se accede por la misma calle interior, disponiendo en su extremo NO de un horno de pan. Finalmente, a la derecha del conjunto, se ubican las pocilgas, (32 m2) siendo este el volumen de menor altura del conjunto.
Todas las fábricas exteriores son de mampostería de granito con mortero de cal, con cubiertas a dos aguas, excepto en las cuadras y las pocilgas que es a una sola agua con vertiente hacia río. Esta cubierta está formada por rollizos de madera, tabla de ripia y teja árabe, que conservan los valores de la arquitectura tradicional.
Ávila, 18 de JUNIO de 2012

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