Cuando en 1994 se estrenó este comercial de L&M Lights, más de un marido que estaba planeando uno de esos típicos viajes menemistas al caribe, lo tuvo que pensó dos veces. Es que el fantasma del negro curtiéndose a tu esposa era algo que no le iba a permitir vacacionar tranquilo, sobre todo luego de ver este sutil aviso, que insinúa mucho y deja picando la duda: ¿pasó algo además de los cruces de miradas?