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Orlando de la Rosa (La Habana, 15 noviembre, 1919 / 15 noviembre, 1957) perteneció a una importante oleada de jóvenes pianistas-compositores que durante el tránsito de la década del 30 al 40 incidieron favorablemente en el curso estilístico y armónico de la canción y el bolero. Entre estas figuras vale la pena destacar a René Touzet, Juan Bruno Tarraza, Margarita Lecuona, Mario Fernández Porta, Bobby Collazo, Isolina Carrillo, Julio Gutiérrez y Adolfo Guzmán.
La influyente corriente del swing resonó en los repertorios de muchas agrupaciones populares en la isla por esa época, y entre las formaciones que matizaron aquella impresionante vorágine, marcada por la sonoridad orquestal de los big bands, sobresalió un efectivo, acoplado y armonizado cuarteto vocal norteamericano, acompañado en la pantalla cinematográfica y en los discos por la mítica banda del trombonista Glenn Miller: The Modernaires. Junto al tenebroso eco de la segunda guerra mundial, llegaron a Cuba estas novedades que muy pronto se hicieron sentir en el ambiente musical. Fue en la emisora RHC Cadena Azul donde la pianista, compositora y repertorista Isolina Carrillo fundó en 1944 su cuarteto “Siboney”. Entre sus componentes, por pura casualidad, una bisoña Olga Guillot saltó a los discos como solista con el acompañamiento de una conocida orquesta, bautizada para la ocasión con el americanizado nombre de “Swing Makers”: la “Cosmopolita”.
Siguiendo el rastro de los cuartetos vocales cubanos de la segunda mitad de los años 40 son destacables el “Loquibambia” (con Frank Emilio al piano junto a nuevas promesas del naciente movimiento filinero: Omara Portuondo, Leonel Bravet, José Antonio Méndez y Eligio Varela) y el del pianista Facundo Rivero.
Mientras tanto, en teatros y salas cinematográficas, abundan los shows donde nunca faltan cancioneras y cancioneros con un variado repertorio de boleros, rumbas y canciones, acompañados por un pianista. Es esta una etapa de trabajo incesante donde Orlando de la Rosa desarrolla sus facultades como instrumentista. Hacia 1948, ya consagrado como compositor y siguiendo el rastro de sus colegas, funda su cuarteto que algunas veces anunciará en sus presentaciones radiofónicas como conjunto “Antillano”.
Esta versión de “No vale la pena”, uno de sus boleros clásicos, corresponde a la formación del cuarteto en 1951: Elena Burke, Adalberto del Río, Aurelio Reynoso y Roberto Barceló. Faltaba poco para que Omara Portuondo se les uniera.
Sorprendido por la muerte en plena juventud (37 años) Orlando de la Rosa dejó algunos títulos que aún se escuchan: “Vieja luna”, “Nuestras vidas”, “Mi corazón es para ti”, “Cansancio”, “Anoche hablé con la luna”, “Esto es felicidad” (co-autoría con Bobby Collazo y Carbó Menéndez), “Que emoción” (considerada su última composición), “No me busques más”, “Serenata mulata” y la guaracha “La mazucamba”.
René Espí
TheFeelinClub
Madrid, 15 octubre 2014
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