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Judith Akoschky Ruidos y ruiditos vol 1 13 Cuento De Medianoche

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Published on Oct 29, 2012

Cuento de medianoche -- Judith Akoschky
Era de noche y Juan no se podía dormir. Le dio cuerda a su osito de peluche y la cajita de música que tenía en su pecho comenzó a sonar.
Juan miró fijo la pared de en frente, allí en los estantes estaban sus juguetes. Un mono baterista, la bailarina, otra cajita de música, un tambor, una torre de cubos y el tobogán de plastilina.
- ¿Estarían durmiendo? -- se preguntó Juan.
Se los veía quietos, pensativos.
Noches atrás, todos los juguetes le habían pedido a la bailarina que hiciera sus rápidas volteretas.
Primero se hizo rogar, pero luego comenzó a bailar. Giró, giró y giró hasta quedar muy mareada. Entonces el mono inventó un ritmo complicado, y todo quedó en un baile divertido y muy ruidoso.
Pero esa noche era distinta. La luna brillaba grande y redonda. Había tanto silencio. No se escuchaba ni un ruidito. ¿Ni un ruidito?
- ¡Momento! -- Se dijo Juan. -- Algo está pasando.
Juan vio que el mono baterista comenzó a moverse intranquilo mirando a uno y otro lado. Después de revisar todos sus instrumentos, el mono agitando sus manos y sus palillos exclamó desesperado que había desaparecido uno de sus sonidos predilectos. Ese sonido que se colgaba de sus orejas y las agitaba como si soplara el viento.
¿ qQé hacer? ¿Donde buscarlo? Estaría escondido en una pantufla de Juan? O se habría ido por la ventana abierta?
- ¡Allí está! -- dijo el mono aliviado.
El sonido iba subiendo por el tobogán de plastilina escalón por escalón. Y luego, tirándose con fuerza chocó con la torre de cubos que quedó desparramada en muchos cuadraditos de colores.
El mono ya estaba cerca del sonido, dispuesto a darle un buen coscorrón, cuando el sonido haciéndose finito y muy agudo, salió disparando por la cerradura de la puerta.
El mono, la bailarina, el osito de peluche y Juan, hicieron cola para mirar por el agujerito de la cerradura. Pero como estaba tan oscuro no lograron ver nada. Apoyaron sus oídos en la puerta y se quedaron boquiabiertos. El sonido del baterista estaba tomando un baño con burbujas y todo!
Más tarde oyeron ruidos en la cocina, ¿sería que el travieso se estaba dando un festín? Y con lo que le gustaba al mono comer galletitas azucaradas, y a Juan el dulce de leche.
Oyeron luego que el sonido volvía a la habitación pesado y caminando lentamente. Tenía la pancita tan llena que esta vez ni intentó pasar por la cerradura. Sopló, sopló y sopló hasta que logró abrir la puerta.
Entonces el mono lo agarró de la oreja y lo subió a la estantería con todos sus instrumentos.
En la cama Juan abrió un ojo y luego otro. Se había quedado dormido.
La luna brillaba grande y redonda detrás de una nube. Allí en los estantes, estaban sus juguetes.
- ¿Estarían cansados? -- se preguntó Juan.
Se los veía tan quietos, tan pensativos. Había tanto silencio. No había ni un ruidito... ni un ruidito?

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