A sus cortos años la tragedia ya golpeó a los niños de Cantagallo. Sus inocentes ojos vieron como todo el patrimonio de sus familias de un momento a otro se convirtió en cenizas el viernes último y por eso era necesario alejarlos del dolor, distraerlos en actividades propias de su edad, con juegos, con música y con todas las herramientas posibles que los aislen de la desgracia.