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EL BURKA

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Uploaded on Apr 22, 2010

La burka es un símbolo de la opresión de las mujeres afganas. Es una prenda de vestir que las convierte en fantasmas. Deben llevarla obligadamente al salir a la calle y cubrir con ella todo su cuerpo, incluidas las manos. En la intimidad de su casa, éstas mujeres sólo pueden descubrirse si no hay extraños a la familia.

Antes de que los talibanes asumieran en el poder en 1997, sólo algunas mujeres rurales llevaban la burka, una prenda que hoy sólo se utiliza en Afganistán y en Pakistán, con otras variantes.

La burka no es un vestido, es una cárcel que somete a las mujeres a la terrible dificultad de no ver con claridad nada que no se encuentre a un metro de distancia frente a sus ojos.

Produce una visión de "anteojeras", que les hace perder la vista de los ángulos laterales estrechando el campo visual que aparece, detrás de las celdas del tejido que se abre a la altura de los ojos, "enrejando" todo lo percibido. Las miradas de estas mujeres están presas, como sus cuerpos.


Según declaran mujeres afghanas que sufrieron la ignominia de la Burka cuando estaban los talibanes en el poder: "Es como una cárcel. Da calor y aísla. Las mujeres no pueden reconocerse. Las que necesitan gafas, no pueden usarlas. Es como si, además, fueran casi ciegas. El tejido que cubre sus ojos debe ser suficientemente tupido pues a algunas mujeres les han pegado por llevar los agujeritos demasiado grandes. Para las mujeres, la obligación de llevarla ha sido un trauma, porque es humillante, dificulta todos los movimientos y también ver...

A menudo, la poca visibilidad que permite la pequeña apertura provoca, al cruzar las calles, serios accidentes que llevan a estas mujeres a la muerte.

El periódico inglés "The Times", publicaba en Noviembre de 2001:

"...las mujeres afganas sufren un holocausto de género desde que los talibanes asumieron el poder en Afganistán, siendo violentadas, humilladas, ciegas, golpeadas, excluidas, lapidadas..."

Al nacer, el ser humano organiza su mundo a través del contacto con su madre (o de la persona que cumple con la función materna). Su primer vínculo con ese mundo nuevo es la piel. El segundo, será la mirada, y el tercero, la voz.

Esta relación vincular, que en sus comienzos tendrá como protagonista exclusiva a la madre, será el soporte para aprehender y aprehender-se, constituyéndose otro y diferente de la mirada materna. La mirada de la madre que le permitirá, a su vez, situarse como una unidad separada de ella. Sobre este proceso se constituirá su identidad.

El filósofo y escritor francés Jean Paul Sartre, en su obra "El Ser y la Nada", hace girar la demostración de la existencia del Otro alrededor de la mirada:

"El objeto humano no es asimilable a ningún objeto, en tanto es un objeto que me mira. A partir del momento en que existe esta mirada, ya soy algo distinto en tanto yo mismo me siento objeto para la mirada del otro. Recíprocamente, el otro también sabe que soy un objeto que se sabe visto".

Esta mirada será la que le permitirá, alrededor de los 7 u 8 meses, como dice Spitz, la conservación del objeto desaparecido de su vista. Es recién en este período cuando aparecen la capacidad de evocar las representaciones internas de los objetos, las sensaciones de placer y displacer con relación a las experiencias vividas en su entorno, a través de lo cual el niño puede elaborar la separación de su madre y adquirir la capacidad de espera necesaria y la tolerancia de la frustración en el deseo no satisfecho de inmediato.

Es aquí donde Winnicott ubica lo que llama "objeto transicional", objeto a través del cual, logra la síntesis dialéctica que le permitirá superar esa instancia. El pasaje a ser él mismo, diferente y separado de un Otro.

La mirada de la madre, primera mirada, aprueba o desaprueba, genera seguridad, apoyo, sostén. El contacto con su piel no sólo refuerza el sistema inmunitario (de acuerdo a los últimos estudios), también origina sensación de placer y protección.

Debajo de la burka, la mirada de la madre no existe. No existe su rostro, su voz se distorsiona y es imposible el contacto con su piel. Tampoco existe para estas mujeres la mirada del hijo al amamantar. No hay vínculo ni sostén a través de este soporte básico y constituyente de un Otro. No hay mirada.

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