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niños secuestrados por el franquismo.

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Published on Nov 19, 2008

Después de la victoria de Franco, ideas como las de Vallejo Nágera encuentran un campo de cultivo excelente en un régimen que no se conforma con vencer, sino que quiere aplastar al enemigo. España se llena de campos de concentración que sólo se cierran después de transportar a los prisioneros en trenes de ganado hasta nuevos centros de detención. En las cárceles se fusila a diario. Una represión que no sólo afecta a personas que cometieron el error de defender el Gobierno legítimo de la República. Entre rejas hay también miles de mujeres, solas, embarazadas o con niños pequeños. Centenares de niños murieron en las cárceles de Franco de hambre o de enfermedad. Víctimas inocentes cuyo único delito es ser hijos de rojos. Ellos pasarán a ser uno de los objetivos del régimen, material a moldear para la construcción de la nueva España. Y para ello contaban con aportaciones como estos personajes del entramado del régimen.

Hijos de rojos: objetivo del régimen
Muchas de las mujeres presas con hijos en las cárceles estaban condenadas a muerte. Temían por su vida, pero aún les acongojaba más lo que pasaría con sus niños. ¿Qué sería de ellos si no tenían familia fuera de la cárcel? A Julia Manzanal la condenaron a muerte por ser militante del Partido Comunista y esperaba la ejecución de la pena capital con su hija de meses en la cárcel de Ventas de Madrid: Imaginaos lo que eso supone, pensar que te van a quitar a la niña. ¿Qué van a hacer con esa niña? ¿Qué van a hacer con nuestros hijos? Cuando hablábamos de esto, decíamos que preferíamos que matasen a la niña con nosotras antes que entregársela a ellos.Gumersindo de Estella, un fraile capuchino destinado a la prisión de Torrero, en Zaragoza, se encargaba de dar asistencia espiritual a los presos condenados a muerte. Fue testimonio de muchas ejecuciones, algunas de mujeres con niños. Su diario es hoy un documento excepcional: ¿Qué van a hacer con las dos criaturas?, pregunté. Alguien me contestó que ya habían sido llamadas dos religiosas para que se las llevaran a la casa de maternidad. Pero arrebatarles las hijas a las condenadas a muerte no eran tan fácil como suponían. Gritos de ¡Hija mía! ¡Por compasión, no me la roben! ¡Que la maten conmigo!. Los guardias intentaban arrancar a la fuerza las criaturas del pecho y brazos de las madres y las pobres madres defendían sus tesoros a brazo partido. Pan a cambio de adoctrinamiento

El reglamento penitenciario de la época decía que los niños tenían que abandonar la cárcel antes de que cumplieran los tres años. Esto creaba una situación muy angustiosa para muchas madres, ya que no tenían a nadie fuera con quien dejar a los hijos. Esto significaba que el niño iría a parar a un asilo y entre las presas corría el rumor de que, si el niño iba a un asilo, lo perderían para siempre y, si no, tenían la certeza que los niños serían educados en contra de las ideas de sus padres. Teresa Morán recuerda nítidamente, como si acabara de ocurrir, lo que le pasó a una compañera suya de cárcel. Cuando la detuvieron, llevaron a sus hijos a un asilo y ella pasó muchos años sin saber nada de ellos. Un día le dicen que tiene visita: Baja y ve al hijo mayor vestido de cura. La mujer se volvió loca y empezó a gritar: ¿Pero cómo puede ser, hijo? ¡Un traidor de tu padre! ¿No ves que esos son los que mataron a tu padre?. Los asilos eran como las cárceles de los pequeñitos porque les enseñaban a odiar a sus padres, les decían que eran rojos, que eran malos y que habían hecho muchos crímenes. Robos y secuestros de niños

Pero el régimen no se conformó con reeducar a los hijos de los presos y de los fusilados. Tenían que asegurarse de que la plaga roja nunca más mancharía la nueva España. Y aprovechando la impunidad que tenían sobre los vencidos, se dieron casos de robos y secuestros de niños, sobre todo en la España rural. La combinación de miedo, antiguos odios y delaciones hacían la vida imposible a personas que tenían alguien señalado como rojo. Ése fue el caso de Emilia Girón, hermana del famoso guerrillero Manuel Girón, conocido popularmente como El león del Bierzo. Desde que su hermano se enroló en la guerrilla, la Guardia Civil les hacía la vida imposible a ella y a su familia. Casi cada día los llevaban a comisaría, muchas veces eran torturados. En una ocasión, Emilia fue llevada al calabozo media hora después de haber parido su primer hijo, con la sangre bajándole por las piernas. Le dieron una paliza de la que todavía tiene secuelas en la columna vertebral.
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NOTICIAS CUATRO
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