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Barroco Hispanoamericano (Nueva España)

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Published on Nov 22, 2010

Manuel de Sumaya:
Albricias, mortales, que viene la Aurora

Este villancico a 7 voces con 2 violines, clarín y bajo continuo se encontró en el archivo de la catedral de Oaxaca. Las 7 voces están divididas en 2 coros, cosa bastante común en la música religiosa novohispana desde el siglo XVII, como podemos apreciar en obras de Juan Gutiérrez de Padilla, Francisco López Capillas y Antonio de Salazar, el maestro de Sumaya.

La obra está dedicada a la Virgen María, a quien se designa como "la Aurora" y es causa de alegría para los hombres. Eva fue la causante de una época de oscuridad para la humanidad, por haber llevado la tentación a Adán; mucho tiempo después la Virgen María, como madre de Cristo, fue portadora de la luz. Así, Eva es la noche y la Virgen María es la Aurora, pues lleva consigo el inicio del día.

Una característica importante de los villancicos es que se dividen en dos grandes partes: el estribillo y las coplas, que se alternan entre sí. Albricias, mortales, que viene la Aurora sigue esta estructura de estribillo-coplas.

Estribillo

Tanto el texto como la música de la primera parte del estribillo funcionan como entrada o introducción al resto del villancico. El texto inicia con un saludo de alegría para los hombres (Albricias, mortales) y continúa con el anuncio de la llegada de la luz. La música comienza, majestuosa y pausada, con un muy breve pasaje instrumental; luego el primer coro canta las primeras dos líneas, mismas que canta inmediatamente el segundo coro:

Albricias, mortales,
que viene la Aurora.

.....Después hay un breve interludio instrumental y luego el primer coro canta las siguientes dos líneas de texto, que son repetidas por el segundo coro.

y la noche triste
parte vergonzosa.

.....En este punto inicia la segunda parte del estribillo. La música tiene cambios rítmicos importantes y fluye más rápido que en la primera parte. Hay un pequeño segmento instrumental, luego de lo cual el primer coro canta las palabras "Oigan, oigan, oigan". El segundo coro responde con el mismo texto e inicia justo antes de que el primer coro termine de cantarla, de manera tal que hay un empalme entre la música de ambos coros.

Oigan, oigan, oigan
que las aves cantan,
con voces canoras
y a su luz saludan
que destierran sombras.

.....La siguiente línea de texto es, de nuevo, "Oigan, oigan, oigan", que en la música sigue la misma lógica de la alternancia de los dos coros. Sin embargo, la voz más aguda del primer coro canta a solo las siguientes cuatro líneas, con lo que se logra un gran contraste en la textura musical.

Oigan, oigan, oigan
el ruiseñor diestro
dulcemente entona,
que esta Aurora bella,
los males mejora.

.....Luego continúa otra vez la línea "Oigan, oigan, oigan" con la textura policoral que se había dado antes. La voz media del primer coro canta a solo las siguientes cuatro líneas, de manera similar a lo que la voz aguda de este mismo coro había hecho anteriormente.

Oigan, oigan, oigan
que entona un jilguero
con voz sonorosa,
que el sol de justicia,
en la Aurora asoma.

El texto "Oigan, oigan, oigan" aparece de nuevo, otra vez con los dos coros en imitación. Las siguientes líneas ya no recurren a los solos que habíamos escuchado en los dos casos anteriores, sino que se cantan a dos coros. Tenemos entonces la textura policoral que hay al principio de la pieza, pero ahora inicia el segundo coro, mientras que el primero le responde. Aquí, como habíamos escuchado al inicio del estribillo, se empalman el final de la línea de un coro y el inicio de la del otro, pero esta vez el coro que responde inicia mucho antes de que el otro coro termine. Esto hace que la sonoridad sea mucho más llena que antes. Además, las últimas cuatro líneas de esta sección se repiten. Para cerrar el estribillo, los coros coinciden rítmicamente en la palabra "encomian" (es decir, elogian) la segunda vez que se canta la última línea de la sección.

Oigan, oigan, oigan
que el cielo y la tierra,
los mares y rosas,
hombres, peces, aves,
este oriente encomian.

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