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Junto a las aguas del río Darro, Granada - II // Relato lírico

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Published on May 29, 2010

Ayer por la tarde, cuando más calor hacía, me lo encontré sentado en el último puente del río. Donde ya la ciudad termina y los fresnos se espesan. Y al verlo ahí, fijo en la claridad de las aguas y solitario, me entraron ganas de acercarme y preguntarle. ¿Que si lo conozco de algo?

No lo conozco de nada. Pero sí es cierto que a lo largo de mucho tiempo, más de un año, lo he visto bastantes veces. Y más aun, en las tardes de sábados y domingos. Caminando siempre en silencio, con un pequeño bolso colgado del hombro, un bolígrafo y un cuaderno. Y su recorrido o paseo, todas las tardes ha sido y es el mismo: la cuesta de los almendros hasta la ancha avenida, la calle de los adoquines, Real de Cartuja, el arco de la muralla vieja, Puerta Elvira, la calle estrecha y larga, Calle Elvira, la plaza que es casi el centro de la ciudad, Plaza Nueva y el río, conocido en Granada por el Darro y, en este tramo, con el famoso nombre de "Paseo de los Tristes". Fue junto a las aguas cristalinas de este río y rincón donde ayer por la tarde me lo encontré sentado.

Y al verlo, cada tarde, a lo largo de tanto tiempo, siempre tan solo, tan callado, tan metido en sí, recorriendo cada día las mismas calles para venir a este mismo sitio fresco y claro del río, me empecé a fijar en él. Su figura y comportamiento me llamaba y me llama mucho la atención. Y por eso comencé a preguntarme:
- ¿Quién será y qué es lo que busca o le pasa?
Porque también, su forma de andar de y mirar, es lo que más llama la atención. Siempre que me lo he encontrado bajando por la cuesta de los almendros, por la avenida y calle estrecha, mira con detenimiento a las plantas que por ahí crecen. Algunas veces se para y le hace fotos y luego escribe y después sigue. Mira muy de frente a las personas con las que se cruza pero nunca se para a charlar con nadie. Como ni nadie lo conociera ni él tampoco fuera amigo de nadie. Creo que es el más solitario de cuantas personas viven en la ciudad de Granada. Se detiene, también a veces, con los pajarillos callejeros y hace lo mismo: los observa despacio, le saca alguna foto y luego sigue. Y, al llegar a la calle estrecha, la más larga y vieja de la ciudad y por eso monumento nacional, calle Elvira, mira a las personas. A todos los que le adelantan y lo mismo a los que se cruzan en dirección contraria a la que él lleva. Pero no las mira de cualquier forma sino con un interés muy especial. Me digo:
- Es como si buscara a alguien concreto, como si tuviera hambre de amigos o de compañía. Como si necesitara contar algo que lleva dentro y estuviera buscando a la persona exacta.

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