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LA SUFICIENCIA DIVINA Y LA INCAPACIDAD HUMANA

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Published on Feb 7, 2017

LA SUFICIENCIA DIVINA Y LA INCAPACIDAD HUMANA

La salvación de Cristo es algo tan elevado, santo, sublime, e importante para Dios, que no puede quedar rebajado su concepto por la impotencia, debilidad, negligencia o mediocridad humanas.
La salvación es de Dios, y Dios jamás se equivoca a la hora de elegir a los que han de ser herederos de salvación (He. 1: 14). Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios (Ro. 11: 29)
Dios no deja nada al azar, ni a la espuria libertad de presunta elección de los hombres.

Uno de los atributos de nuestro Dios es que es Soberano.
Cuando decimos que Dios es soberano estamos diciendo que Él es el número uno, el único, amo y gobernador del universo.

La idea de la soberanía es un alentador único, porque asegura al cristiano que nada está fuera del dominio de Dios, y que Sus planes se llevan a cabo triunfalmente (Romanos 8:28).

Dios no preparó y ejecutó su obra de expiación en Cristo, y como que la colocó a la vista de toda la raza humana, servida sobre una mesa para que quien quiera, pueda ir y ser salvo, dejándolo de ese modo todo al falso albedrío de hombres, muertos espiritualmente, perdidos en sus deseos carnales, haciendo la voluntad de la carne, enemigos de Dios e hijos de ira por naturaleza (Ro. 5: 10; Ef 2: 3).

Si hubiera sido así, hubiera sido un rotundo fracaso, porque nadie se hubiera acercado, como no se acercan los hombres amadores de su pecado a la Luz, y eso éramos todos nosotros: “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Juan 3: 19)

Ahí vemos que ha sido imprescindible la elección de Dios para venir a salvación.

El hombre natural es totalmente ajeno al Espíritu de Dios, por haberse cortado aquella relación con el Creador ya desde sus inicios. El hombre natural, muerto espiritualmente, no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente (1 Co. 2: 14; 1: 23)

La naturaleza pecaminosa del hombre natural le lleva a pecar sin más (Ro. 5: 12); esa es su manera de vivir, es lo terriblemente natural en él.

Por ello, Dios en Su soberanía y a causa de Su misericordia (Ro. 9: 15), escogió en amor y según el puro afecto de Su voluntad a los que iban a ser adoptados hijos suyos, por medio de Jesucristo (Ef. 1: 5), porque no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia (Ro. 9: 16)

SOLI DEO GLORIA

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