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¿QUIÉN PECA VOLUNTARIAMENTE? (Hebreos 10: 26-29)

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Published on Mar 17, 2017

(Hebreos 10: 26- 29) “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado [el Hijo de Dios], e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?”

¿Puede alguien que haya recibido el conocimiento de la verdad, pecar voluntariamente? La respuesta es sí.

Hay dos tipos de personas que reciben el conocimiento de la verdad:

Los que por ese conocimiento y la gracia irresistible de Dios, son justificados.
Los que por ese conocimiento pero sin ninguna implicación de gracia, siguen en su condenación.

Los primeros son los verdaderos cristianos; los segundos, los falsos cristianos.

Veamos. Este pasaje que hemos leído, va en línea de Hebreos 6: 1-8. Trata el pecado de la apostasía que es el retroceso o la deserción intencional.

Los apóstatas, por definición, se sienten atraídos a Cristo en un principio, oyen y aparentemente entienden el Evangelio, esto último al menos en su mente natural, y están como a punto de entrar en la salvación, o también pretenden que han entrado en la salvación, pero al punto, se rebelan y dan la espalda.

“Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros” (1 Jn. 2: 19).

Este apercibimiento contra la apostasía, es sin duda, una de las advertencias más serias en toda la Escritura.

Es obvio, por esta descripción, que no todos los hebreos a los que se dirige esta carta iban a ser salvos.

Los que se acercan al trono de la gracia, pero siguen en su empecinamiento de pecar voluntariamente - así como lo enseñaba la ley de Moisés - deben morir irremisiblemente. En esta dispensación, se trata de muerte espiritual, y su consecuencia final y definitiva: el lago de fuego.

Con mayor motivo, cuando tal pecado voluntario implica una afrenta directa al Hijo de Dios, ya que por así hacer, se tiene por inmunda Su sangre, y se afrenta también al Espíritu de gracia.

Evidentemente este texto no nos habla de pérdida de salvación para los hijos de Dios, sino de manifestación de perdición de los que pretendían lo que no eran; es decir, hijos de Dios, justificados, salvados.

Los que pecan deliberadamente jamás fueron salvos, porque los salvos no pueden pecar así, como está escrito:

“Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios” (1 Juan 3: 9)

“Porque el pecado no se enseñoreará más de vosotros, pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia” (Romanos 6: 14)

Y leemos en el versículo 39: “Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma”
 
Es harto obvio que no estaba en la mente del autor el declarar que los que una vez han sido constituidos hijos de Dios, por tanto, salvos, podrían ir a perdición.

El que practica el pecado como un hábito, es decir, el que para él el pecar es lo natural, sin más, es el que peca voluntariamente. Esto es señal inequívoca de que tal individuo jamás nació de lo Alto, jamás fue regenerado; aunque llegó a tener conocimiento de la verdad, sigue en sus pecados antiguos, y progresa en sus pecados actuales.


SOLI DEO GLORIA

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