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Pasión Italiana Cap. 21 Marantón 7-10

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Published on Jun 28, 2012

Al escuchar aquellas palabras, Selena sintió que el pánico se apoderaba de ella. Comprendía lo que significaba y las consecuencias que aquello podría ocasionarle. Entonces, se quedó pálida como la muerte.
De repente. Nick se levantó de la cama con un ágil movimiento y se dirigió hacia el cuarto de baño.
—Vamos, ahoguemos nuestras penas en la ducha —sugirió, en tono de broma.
—Dentro de un momento.
En el momento en que Diego desapareció de su vista, Selena estuvo a punto de caerse de la cama por la celeridad con la que se movió para abandonarla. Rápidamente se volvió a poner el camisón y se marchó a su habitación, poseída por una mezcla de pánico y vergüenza de los que no quería que nadie fuera testigo.

TRAS DESPERTAR de un reparador descanso, Selena se incorporó en la cama. Con cada movimiento, sentía una serie de molestias en ciertas partes íntimas de su cuerpo que le recordaban su abandonado comportamiento de la noche anterior. Antes de que pudiera evitarlo, los ojos se le llenaron de lágrimas con la sombra del arrepentimiento.
La noche anterior, tras regresar del dormitorio de Nick, había cerrado la puerta con llave. Él la había seguido y, en voz muy baja, le había pedido que abriera la puerta, aunque Selena había sabido distinguir la impaciencia que había en su voz. Cuando minutos más tarde, el teléfono que tenía en la mesilla de noche había empezado a sonar, lo había desconectado rápidamente del enchufe de la pared.
Se sentía tan avergonzada de lo estúpida que había sido. Era culpa suya que aquella situación se hubiera producido. Creía que había sido la evidente atracción que sentía por Nick la que había provocado el interés de él y estaba convencida de que, sin su provocativo comportamiento, a Nick ni siquiera se le hubiera ocurrido tocarla. Habían sido sus sentimientos, sus debilidades, las que habían hecho que él se sintiera atraído por ella.
Al menos Nick había pensado en tomar precauciones. A ella ni siquiera se le había pasado por la cabeza, así que no podía culparlo de la desgracia que había ocurrido a continuación. La mala suerte parecía acompañarla. ¿Es que no había aprendido nada del nacimiento de Diego? Seguía siendo igual de irresponsable, de ingenua y de *******.
Un sollozo se abrió pasó a través de su garganta. Se limpió los ojos, pero las lágrimas no dejaban de brotar. ¿Cómo podría volver a enfrentarse a Nick? Había sido tan amable con ella, le había regalado un día mágico. Incluso la noche anterior se habría imaginado a otros muchos hombres maldiciendo aquel desgraciado incidente, pero él había mantenido una actitud cortés. De hecho, se había mostrado como un hombre digno de ser amado.
Sin embargo, ella se había comportado como una ramera. Se merecía todo lo que le ocurriera, pero ningún hijo se merecía una madre tan poco adecuada. Aquellos pensamientos le hicieron recordar a su hijo y miró el reloj que tenía sobre la mesilla de noche. Entonces, abrió los ojos horrorizada. Eran más de las diez y Diego siempre se despertaba sobre las siete.
Selena se levantó de un salto de la cama y quitó el pestillo de la puerta. Entonces, se detuvo. Decidió ponerse el abrigo que había llevado al restaurante antes de ir a ver a su hijo. En una casa en la que había más hombres que mujeres debía tener cuidado de cómo iba vestida en lugares públicos. Tal vez si la noche anterior hubiera sido más sensata, no habría ocurrido nada entre Nick y ella.
Al entrar en la habitación de Diego, se encontró con Sarah, la niñera. Estaba vistiendo al pequeño, Selena se sorprendió mucho, dado que había pensado que la niñera solo había acudido a cuidar de su hijo por un día.
—Buenos días, señorita Gomez. ¿No le parece que son preciosas estas ropitas? —comentó Sarah, como si no hubiera nada raro en que Selena se presentara con un abrigo de piel sintética sobre el camisón. Le mostraba una chaquetita azul marino, bordada con un perrito y un par de pantalones a cuadros—. El señor Jonas ha hecho que traigan una amplia selección de prendas para Diego esta misma mañana.
Selena notó que lo de «Diego» se iba extendiendo poco a poco. ¿Que Nick había comprado ropa para su hijo? ¿Es que no se daba cuenta de que Selena no estaba en posición de devolverle tanta generosidad? Aunque ansiaba tomar a su hijo entre sus brazos, se dispuso a salir de la habitación.
—Voy a vestirme.
Sin embargo, al entrar en su propio dormitorio, se dio cuenta de que había una gran cantidad de cajas y de bolsas sobre la cama y que dos criados estaban muy ocupados abriéndolas. Atónita, frunció el ceño. ¿Qué estaba pasando?

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