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Agua potable

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Published on May 15, 2008

Más de 4.000 niños mueren cada día por no tener acceso a agua potable o saneamiento adecuado.

Al menos 20 litros de agua potable por día (aproximadamente 2 cubos) es la cantidad necesaria para asegurar que los niños puedan beber, lavar sus manos para prevenir enfermedades y cocinar una simple comida. Sin eso, los niños y niñas se convierten en una presa fácil de muchas enfermedades que aparecen por el agua sucia y que pueden amenazar sus vidas.

"Nuestro fracaso a la hora de garantizar dos meros cubos de agua potable por día a cada niño es una ofensa a la conciencia humana. Demasiados niños y niñas están muriendo como resultado de nuestra inercia y sus muertes se encuentran con un silencio estrepitoso", ha manifestado Carol Bellamy, Directora Ejecutiva de UNICEF.

Según el Estado Mundial de la Infancia 2005 de UNICEF:

El 21% de los niños y niñas en países en desarrollo se encuentran privados de agua y viven sin una fuente de agua segura cerca (en la mayoría de los casos tardan más de 15 minutos andando en llegar al surtidor más cercano).

2.600 millones de personas no tienen acceso a saneamiento básico. La falta de estos servicios se está cobrando la vida de miles de personas.

En el caso de los niños y niñas, la falta de agua y saneamiento es responsable de, al menos, 1,6 millones de muertes de los 11 millones de muertes por enfermedades prevenibles que se producen cada año.

En todas partes, la falta o escasez de agua potable va de la mano de altos índices de mortalidad infantil. En África Subsahariana, donde uno de cada cinco niños nunca celebrará su quinto cumpleaños, el 43 % de los niños beben agua no potable, arriesgándose a contraer enfermedades y a morir por ingerir agua contaminada.

El impacto en la salud de un niño o una niña por beber agua no potable y tener un saneamiento y una higiene inadecuada va mucho más allá de los 4.000 niños y niñas que mueren diariamente de enfermedades causadas por el agua como son la diarrea o la fiebre tifoidea. Muchos millones más se encuentran al borde de la muerte por la repetición de brotes de estas enfermedades.

Desde 1990, el mundo ha sido testigo de un aumento importante en el consumo de agua potable a nivel global, desde 77 a 83 %, un extra de mil millones de personas. Pero queda aún un largo camino por recorrer. Aproximadamente 1.100 millones de personas beben agua de fuentes inseguras como pozos no protegidos, ríos, fuentes o vendedores ambulantes. Y con una demanda de agua mayor que nunca, la balanza se inclina en contra de los más pobres cuando se decide dónde se destinarán los suministros.

Por termino medio, un canadiense, por ejemplo, usa más de seis veces la cantidad de agua por día que un indio, y más de treinta veces que un ciudadano rural en Kenia (326 litros vs. 53 litros vs. 10 litros). Y dentro de los propios países hay igualmente dramáticas disparidades, frecuentemente entre áreas urbanas y rurales. En la zona urbana de Indonesia, el acceso al agua potable ronda el 89 % de media, mientras que en áreas rurales alcanza el 69% (cifras de antes del tsunami).

Cuando los niños y niñas tienen acceso a suministros sostenibles de agua potable, saneamiento básico y educación de higiene, su salud mejora y la asistencia a la escuela aumenta. Estos beneficios se producen a partir de algo tan básico como pozos con bombas de agua dirigidas manualmente en las escuelas o sistemas de purificación de agua en las casas que cuestan sólo unos pocos céntimos el paquete. En la zona del tsunami, estas simples intervenciones han restaurado un suministro de agua segura para cientos de miles de personas.

En otras partes del mundo, en las comunidades más pobres que están aún lejos del "radar" político, la ayuda llega de forma esporádica o no llega nunca. Y sin el compromiso expreso de los gobiernos nacionales y locales para capacitar a las comunidades, los sistemas de suministro de agua no son mantenidos o simplemente no son construidos.

"La creencia tácita de que las muertes de niños y niñas son bajas inevitables de la pobreza es peligrosa y errónea. Estas muertes están impulsadas por la pobreza, que acaba encerrando a comunidades enteras en ciclos de enfermedad, necesidad y falta de esperanza. Lo que hay que hacer es romper esos ciclos, las barreras están todas en la mente", dijo Carol Bellamy. Las necesidades continuarán mientras el acceso al agua sea visto como un privilegio en vez de un derecho inviolable. Un cambio en la perspectiva global puede ser una herramienta poderosa para reducir la mortalidad relacionada con el agua y aliviar su impacto económico y social, añadió la directora ejecutiva de UNICEF.

Asegurar los servicios de agua potable es un requerimiento igualmente compartido entre los países ricos y pobres y requiere de una fuerte cadena de transparencia política, relacionando políticas justas con una buena gestión.

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