Después del desentierro del diablo, las comparsas llegan al pueblo bailando con sus respectivos cantos y músicas, aceptan invitaciones de bebidas en las casas. Al final, todas coinciden en un punto de encuentro para bailar, cantar y desfilar.
Cada comparsa es invitada con gaseosa, cerveza, chicha clericó, Saratoga y damajuana de vino. Como aceptación al festejo se entalcan la cara y se colocan una hoja de albahaca en la oreja. El diablo va a la cabeza
del desfile. Bailan hasta que acaban la bebida, se arrojan serpentina, papel picado y talco.
No faltan los copleros con sus cajas, ellos son de todas las edades,a veces toda una familia
Leda Valladares tiene 82 años y hace tres que casi no canta, aunque en su casa se permitirá recordar una vidala riojana junto a su discípula Miriam García, quien continúa enseñando el canto con caja en el Rojas (clases que antiguamente daba Leda) con la misma entrega con la que dedicó su vida a recolectar la sabiduría de esas voces anónimas y ancestrales del norte y centro del país.
"Cuando descubrí la copla, nunca había escuchado nada parecido sobre el planeta. Desde ese momento no
pude hacer otra cosa que intentar aprender esa furia abismal, esa energía que venía del grito del indio de siglos. Quizá la diferencia con otros investigadores, que por ese momento eran muy pocos, es que yo me preocupé por cantar las coplas. Por tratar de hacer lo que hacían ellos, salvando las diferencias, porque yo sólo era una pretenciosa aprendiz."
La pucha don Carnaval
qué mano pa curandero...
de un dentre me hizo olvidar
las penas de un año entero.
Miguel Ángel Pérez
".
si VIVA JUJUY!!!!!
GRASCORZO 2 years ago