El efecto de la sequía y de las restricciones en el riego, que han reducido en un 80% las zonas verdes que todavía reciben agua en Barcelona, ya se está dejando notar en parques y áreas ajardinadas. El Ayuntamiento ejerce solamente un "riego de supervivencia de zonas arbustíveras" y buena parte del césped de la ciudad ya amarillea y algunas plantas comienzan a resentirse, aunque todavía estamos en primavera y los calores del verano todavía están por llegar
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