Abre la puerta de su departamento con ágiles saltitos y una sonrisa franca. Pasen, pasen, dice a los periodistas el hombre símbolo del nacimiento del deporte judío en el país. Estaba leyendo los diarios, sin anteojos y sin perder ni por un momento su estampa delgada y saludable. Adolfo Mogilevsky cuenta que esa mañana tiene franco en el instituto de rehabilitación física que lleva su nombre, pero que aprovecha para hacer cosas en su departamento lleno de libros en Villa Crespo, su barrio de toda la vida. Durante la entrevista, esta verdadera leyenda con 92 años de vida repasará con voz grave y clara sus inicios en el deporte, su pasión por la lucha, su ligazón con Macabi, su paso como preparador físico del seleccionado argentino de fútbol, sus sensaciones ligadas a Atlanta, club del que fue fue director técnico y en el que sigue siendo ídolo. Dejará como mensaje la necesidad de esforzarse por ganar, pero sin dejar de lado la educación y los valores. Hará suya varias veces palabras de uno de los fundadores del Sionismo, Max Nordau, que le sirvieron como guía en su exitosa trayectoria. Los judíos tenemos la mente sana, lo que tenemos que hacer es vigorizar el cuerpo.
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