Por fin, lentamente, el grupo gira por la rampa de madera que cubre los adoquines, salvando escalones y acera (se aprecia lo estrecho del callejón) y, meciéndose suave, inicia el recorrido que lo llevará a unirse a otras cofradías. Regresarán, después de haber recorrido las calles más céntricas de la ciudad, en silencio y casi solos, cerca de las tres de la madrugada.
Un año más.
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