No falta el pasacalles de los tradicionales Gigantes y Cabezudos, donde los niños disfrutan, ojo avizor a quien lanza por el aire los dispersos, o no tanto, caramelos envueltos en confeti, corriendo cuales "lagartijillas", entre las piernas de los presentes, para hacerse con ese caramelo, de aquí, de allá, de acullá...mientras, recuerdo, algún que otro cabezudo, atacando a un viandante, que seguro conoce, tras el pescuezo le ahueca la blusa y con sigilosa rapidéz le carga entre blusa y espalda, un gracioso puñado de confeti, que no sé si tendría la misma carga de gracia al que recibió la broma, pero...estamos en fiestas, y todo siendo con buena voluntad y buena fe, puede valer...
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