Al salir de Wadi Mousa debimos partir con cuidado pues debido a las bajas temperaturas de la noche se habían formado parches de hielo allí donde por alguna razón hubiese algo de agua, pero el sol ya se encargaba de acabar con lo que quedaba del hielo en el asfalto.
Luego avanzamos por una carretera que parece un tapete arrugado no por mala calidad del piso sino por las constantes subidas y bajadas, seguro que en una moto más potente y acelerador a fondo se va uno levantando la rueda delantera cada que llega al tope de una nueva cresta, ¡y las curvas! ciegas y torcidas.
Hay que poner los sentidos al cien para adivinar la siguiente trayectoria y mantenerse en la línea. ¡Muy, muy rico manejar en esa ruta!
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