CRISTO había dicho al noble cuyo hijo sanara: "Si no viereis señales y milagros no creeréis." (Juan 4:48) Le entristecía que su propia nación requiriese esas señales externas de su carácter de Mesías. Repetidas veces se había asombrado de su incredulidad. Pero también se asombró de la fe del centurión que vino a él. El centurión no puso en duda el poder del Salvador. Ni siquiera le pidió que viniese en persona a realizar el milagro. "Solamente di la palabra --dijo,-- y mi mozo sanará."
Elias
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