Rockdrigo en Aguascalientes
José Luis Engel "El Ginger"
Rodrigo González estuvo tres días y dos noches en Aguascalientes. La primera noche se quedó en mi casa porque agarramos la parranda desde la peña; la segunda noche fue en la casa de unos cuates, en Jardines de la Asunción, donde volvimos a agarrar la parranda y donde de pura chiripada pude grabar con una portátil los covers de Creedence y los Rolling.
Rodrigo llegó el viernes por la mañana a la central camionera donde fue recibido por los chilenos que lo contrataron: Sara, Carepa y su hija. Acomodaron en la camionetita VW donde viajaron desde Canadá hasta Aguascalientes el estuche con la guitarra y la maleta del músico, que contenía el par de mudas de ropa interior y exterior, un juego de armónicas y una veintena de casetes de Hurbanistorias para vender y completar el chivo.
Tengo entendido que por esas fechas la pasaba mal, creo que su hija se encontraba enferma y la renta de su depto donde vivía con la francesa se lo comía todito; además, acordándome en este momento, Rodrigo bromeaba diciendo que estaba sobrecogido, por eso no les hizo caso a un par de feas que le aventaron el calzón del 40 en la peña.
No estoy seguro, pero es probable que a Rodrigo lo contactaran por medio de Gabino Palomares con quien hubo buena relación desde que el otro chileno, Ismael Durán, abrió y mantuvo la primera peña: El Caminero en el costado norte del jardín de San Marcos desde 1982, relación que heredaron para Los Artesanos. Resultarían ser las dos únicas peñas "en el sentido estricto del concepto" que hubo en la ciudad.
Sara y Carepa en Los Artesanos no pasaron por momentos tan malos como sí sucedió a Ismael en El Caminero, cuando en los muros del negocio llegaron a pintar "comunistas de mierda", o bien "rojos fuera de Aguas". Todos ellos estuvieron exiliados en Canadá desde el golpe de estado contra Salvador Allende y su pueblo; de hecho Carepa estuvo a punto de perder la vida y Sara alcanzó a rescatarlo y huyeron.
Como muchos más, llegaron a Canadá y formaron una colonia, se organizaron de la mejor manera posible para sobrevivir; como buenos subdesarrollados latinoamericanos, lo mejor que sabían hacer era cantar, tocar guitarras y bombos, freír "calzones rotos" (unas galletitas sabrosas) y administrar cafetines.
En 1982 primero llegó Ismael con su esposa, una norteamericana que de la cual no recuerdo el nombre, y sus hijos. Al año siguiente arribaron los demás. Ismael regresó a Estados Unidos en 1984 y el resto permaneció hasta 1985, cuando, cansados de la vida miserable mexicana, tan parecida a la chilena, también regresaron a Canadá. La represión física e ideológica en Chile, su calidad de asilados, las necesidades de organización para ofrecer resistencia política desde el exterior contra Pinochet y banda, los puso en contacto con organizaciones civiles que les ofrecieron apoyo, sobre todo económico, gracias al cual pudieron sobrevivir y, presuntamente, realizar otras actividades políticas de mayor envergadura, de las cuales no tengo evidencia, aunque sí sospechaba.
Cuando llegaron los chilenos la juventud local con un poco de información y conciencia de lo que significa una dictadura militar se solidarizó con ellos, cooperaron para que se instalaran e hicieran algo para sobrevivir; entonces ya funcionaban los grupos y comités de solidaridad con los pueblos de El Salvador y Nicaragua, que pueden considerarse las primeras organizaciones ciudadanas locales con cierta autonomía de partidos políticos que hacían algo por los derechos humanos. Gracias a los chilenos aprenden a solicitar apoyos materiales a organizaciones filiales foráneas para desarrollar las actividades que los aglutinan.
A Rodrigo me lo presentaron los chilenos por la tarde, cuando llegué a ver qué onda con José Dávila... Los chilenos navegaban con bandera de que sabían mucho, que eran "más chidos que Marx y que el cristiano Chucho", y por eso le pagaron una miseria al Rodrigo; yo los conocí más o menos porque también trabajé de mesero una temporada con Ismael en El Caminero. Aprovecharon que Rodrigo necesitaba oírse y a cambio de las tocadas le ofrecieron un poco de dinero con viáticos incluidos y la grabación que Dávila hiciera, al que organizaron sin batallar gracias al evidente talento del músico que envió un casete para efectos de promoción.
(Continúa)
Faltaba este cachito -ya ves las restricciones de YT-, pero esta información me la pasó el tal Ginger:
"Concepto, organización, contacto y hasta algo de equipo de sonido heredaron de Ismael para el montaje de Los Artesanos, localizado en la avenida José Ma. Chávez, a un costado del diario local El Heraldo, a unos cien metros de la plaza principal, el mismo local que luego sirvió temporalmente de funeraria, tapicería y en la actualidad forma parte de las instalaciones del mismo periódico".
PeriodismoGonzo 8 months ago
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