La santidad se manifiesta por el comportamiento del creyente, incluyendo su manera de vestir. 1 Timoteo 2: 8-10 Quiero pues que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda. Asi mismo que las mujeres se atavien de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad.
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