Tras el descubrimiento hace año y medio de la momia de la reina Hatshepsut y mientras continúan los trabajos para localizar los restos de Cleopatra, la comunidad arqueológica y los amantes del Antiguo Egipto deberán contentarse por ahora con otra reina menos conocida por el gran público.
Es la madre de Teti, un faraón que reinó en Egipto del año 2323 al 2291 antes de Cristo, y de la que, probablemente todo lo que quede de su cuerpo sean el cráneo, la pelvis, las piernas y otras partes del cadáver envueltas en lino recién descubiertas por una misión arqueológica egipcia en Sakkara, a unos 20 kilómetros al sur de El Cairo.
Los restos de la momia se encontraban en un sarcófago robado en la entrada de la pirámide número 118, descubierta hace apenas dos meses oculta a unos 20 metros bajo la arena del desierto en el complejo funerario de Sakkara, y que, según Hawas, no tenía ninguna finalidad religiosa y había sido construida únicamente para enterrar a la reina Sesheshet. El templo funerario tiene una antigüedad de 4.300 años.
La entrada de la pirámide estaba sellada con dos enormes piedras de granito que si bien debían evitar la profanación de la tumba, no lograron su objetivo: en la parte superior de la cámara funeraria se ha hallado un butrón perforado que, según la nota, probablemente fue utilizado por los ladrones para robar la sala, de cuatro metros de largo por cuatro de ancho.
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