En San Juan, la playa se llena de gente alrededor de las hogueras. Lúdicos, báquicos y algo lujuriosos. Celebramos ritos ancestrales, cuya memoria se pierde en el tiempo, y adoramos el apogeo de la luz, la llegada del Rey del Verano.
Y al darles el sol la espalda
revolotean las faldas
bajo un manto de guirnaldas
para que el cielo no vea,
en la noche de San Juan,
cómo comparten su pan,
su tortilla y su gabán,
gentes de cien mil raleas.
Apurad
que allí os espero si queréis venir
pues cae la noche y ya se van
nuestras miserias a dormir.
Vamos subiendo la cuesta
que arriba mi calle
se vistió de fiesta...
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