De nuevo en la Carbonería. Esta vez asistimos a un tándem con mucho arte: piano y guitarra fusionándose a la perfección.
Mis colegas y yo nos sentíamos un poco frustrados porque cuando llegamos al local no podíamos ver bien ninguno de los dos espectáculos que se estaban llevando a cabo: uno improvisado en un riconcito al que no podíamos acceder y otro muchísimo más masivo en el que el olor a "compañerismo" era tal que preferimos sentarnos en un salón a parte, solos, a disfrutar de una copa y a hablar de temas varios.
Cuál fue nuestra sorpresa al descubrir que si nosotros no vamos al "duende", el "duende" viene a nosotros. Sin comerlo ni beberlo se nos presentaron allí estos dos artistazos y nos dieron algunas de las mejores horas de música en directo que yo recuerdo. Sencillamente IMPRESIONANTE...
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