por Carlos Rey
La mujer salió de su casa y vio que dos ancianos y una anciana estaban sentados en el jardín del frente. Como no los reconoció, ella les dijo:
—Me parece que no los conozco a ustedes, pero seguramente tienen hambre. ¿Por qué no entran y me permiten servirles algo de comer?
—¿Se encuentra tu esposo? —preguntó uno de los ancianos.
—No —respondió la mujer—. Acaba de salir.
—Entonces no podemos entrar.
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