Enrique Soro Barriga (1884-1954). Compositor y pedagogo chileno considerado uno de los músicos más destacados de su país. Nació en Concepción (Biobío) el 15 de julio de 1884 y comenzó sus estudios musicales con su padre, el compositor italiano José Soro. Más tarde, se trasladó a Italia para estudiar en el Conservatorio de Milán (1898-1904), donde se graduó con el Premio Extraordinario de Composición. Al año siguiente, regresó a Chile, y en 1906 comenzó a impartir clases de piano y composición en el Conservatorio Nacional, del que más tarde sería subdirector y director. Así mismo, desde 1942 dirigió el Instituto de Extensión Musical. Obtuvo, entre otros, el primer premio de la Competición Panamericana de Composición (1912) y el Premio Nacional de las Artes Chilenas (1948). Falleció en Santiago el 3 de diciembre de 1954. De su producción musical, la mayoría basada en un estilo tradicional, destacan la Sinfonía romántica (1920), Preludios sinfónicos (1936) y Aires chilenos (1942), todas ellas para orquesta, tres sonatas para piano, además de numerosas piezas sueltas, obras de cámara y canciones.
Soro es el autor de esta hermosa composición. La letra del Himno corresponde al escritor y político peruano José Gálvez Barrenechea (1885-1957). Doctor en Letras y abogado por la Universidad Nacional Mayor San Marcos, de Lima. Se le prodigaron muchos premios y reconocimientos; llegó a ser vicepresidente de la República en 1945, y murió mientras ejercía la presidencia del Senado del Perú.
HIMNO DE LOS ESTUDIANTES AMERICANOS
Coro
¡Juventud, juventud, torbellino
soplo eterno de eterna ilusión,
fulge el sol en el largo camino
que ha nacido la nueva canción!
I
Sobre el viejo pasado soñemos,
en sus ruinas hagamos jardín,
y marchando al futuro cantemos
que a lo lejos resuena un clarín.
II
La mirada embriagada en los cielos
y aromados por una mujer,
fecundemos los vagos anhelos
y seamos mejores que ayer.
III
Consagremos orgullo en la herida
y sintamos la fe del dolor,
y triunfemos del mal de la vida
con un frágil ensueño de amor.
IV
Que las dulces amadas suspiren
de pasión al mirarnos pasar,
que los viejos maestros admiren
al tropel que los va a superar.
Coro
¡Juventud, juventud, torbellino
soplo eterno de eterna ilusión,
fulge el sol en el largo camino
que ha nacido la nueva canción!
La partitura del Himno se extrajo de esta invaluable fuente:
Aliaga Ibar, Ignacio (1997). Órbita de Enrique Soro. Serie Cuadernos del Bío Bío. Santiago de Chile, Ediciones Universidad de Concepción. pp. 45-48.
puxaaa cm se descarga esta we....
es pa una tarea tengo disertar de enrique soro y ni sikiera se kien es jajajaj
xd
estupideses12 1 year ago