Jesucristo es nuestro Mediador ante Dios el Padre.
Permítanme contarles un relato; una parábola.
Había una vez un hombre que deseaba tener algo específico en esta vida y eso parecía lo más importante para él. Con el fin de ver cumplidos sus deseos, contrajo una gran deuda. Se le había advertido no contraer una deuda de semejante magnitud, y acerca de su acreedor, especialmente. Pero era muy importante para él hacer y tener todo lo que deseaba en ese momento; además, estaba seguro de que podría pagar después.
Por lo tanto, firmó un contrato en donde se especificaba el plazo que tendría para pagar, pero no se preocupó mucho por ello, pues esa fecha parecía muy distante. Ahora tenía lo que deseaba y eso parecía ser lo más importante.
"Tenía al acreedor siempre en su pensamiento, e hizo varios pagos parciales, pensando que de alguna manera el día de saldar la cuenta total jamás llegaría.
Pero como siempre sucede, el día señalado llegó; el contrato se venció y la deuda aún no estaba completamente saldada. Fue así que su acreedor se presentó y le exigió el saldo total de la deuda.
Sólo entonces se dio cuenta de que su acreedor no solamente tenía el poder para quedarse con todo lo que le pertenecía, sino que también podía enviarlo a la cárcel.
—No puedo pagarle, de verdad que ahora no tengo para pagarle — le confesó.
—Entonces, —le dijo el acreedor— nos valdremos del contrato, me quedaré con todas sus pertenencias y usted irá a la cárcel.
Usted estuvo de acuerdo en esto; fue su decisión; firmó el contrato y ahora debe cumplirse.—¿No puede darme más plazo para pagarla u olvidar la deuda? —suplicó el deudor—. Busque la manera en la que yo pueda quedarme con lo que tengo y no tenga que ir a la cárcel. Usted cree en la misericordia, ¿verdad? ¿Por qué entonces no la demuestra?
El acreedor respondió: —La misericordia siempre es unilateral y en este caso el único beneficiado sería usted. Si me muestro misericordioso, me quedaré sin lo que me debe. Lo que yo demando es justicia. ¿Cree usted en la justicia? —Creía en ella cuando firmé el contrato —dijo el deudor—, y estaba a mi favor entonces, porque yo pensé que me protegería. En ese entonces yo no necesitaba misericordia, ni pensaba que algún día la necesitaría. Yo pensé que la justicia nos serviría a los dos por igual.
—Es justicia que le exija que pague lo que estipula el contrato o que sufra el castigo —replicó el acreedor—. Esa es la ley; usted estuvo de acuerdo con ella, y así debe ser. La misericordia no puede robar a la justicia.
Y ahí estaban ambos; uno demandando justicia y el otro implorando misericordia. Ninguno de los dos podía estar a salvo a no ser que fuera a expensas del otro.
—Si no olvida la deuda, no habrá misericordia, —decía el deudor.
—Si lo hago, no habrá justicia, —respondía el acreedor. Daba la impresión de que no se podían satisfacer ambas leyes. Son dos principios eternos que parecen contradecirse. ¿No existía la manera en que tanto la misericordia como la justicia fueran satisfechas plenamente?
¡Claro que hay una forma! La ley de la justicia y la misericordia pueden satisfacerse en su plenitud, pero se necesita una tercera persona. Y eso fue lo que sucedió en esa ocasión.
El deudor tenía un amigo, el cual vino a ayudarlo porque lo conocía muy bien. Sabía que a su amigo, el deudor, le faltaba perspicacia y pensaba que había sido muy poco inteligente en ponerse en esa situación tan difícil. De todas maneras, deseaba ayudarle porque lo quería. Se paró entonces entre los dos, enfrentó al acreedor e hizo la siguiente oferta:
—Yo estoy dispuesto a pagar la deuda si usted libera al deudor de su contrato para que pueda quedarse con lo que posee y no vaya a la cárcel.
Mientras el acreedor reflexionaba sobre la oferta, el mediador agregó: —Usted demanda justicia y él no puede pagarle, así que lo haré yo. Usted habrá sido justo con el trato y no podrá exigir más; ya que eso no sería justo.
El acreedor estuvo entonces de acuerdo.
El mediador se dio vuelta y le dijo al deudor: —Si pago tu deuda, ¿me aceptarías como tu acreedor? "—Sí, sí, exclamó el deudor. Me salvaste de la prisión y me muestras misericordia.—Entonces —agregó el benefactor—, me pagarás a mí la deuda y yo estableceré los términos. No será fácil, pero será posible. Yo te proporcionaré la forma de poder hacerlo y tú no tendrás que ir a la cárcel.
De esa forma, se le pagó al acreedor la deuda en su totalidad. Él había encarado el asunto con justicia y no se había roto el contrato. Pero al mismo tiempo, se había puesto en práctica la misericordia para con el deudor. Ambas leyes se habían cumplido satisfactoriamente. "Gracias a que había habido un mediador, tanto la justicia como la misericordia habían sido satisfechas" (Boyd K. Packer, Conference Report, abril de 1977, págs. 79-80).
exelente video realizado por la ''iglesia de jesucristo de los santos de los ultimos dias''.
PIBE1ARGE 3 years ago 8
Como pueden decir otras denominaciones que los Santos de Los Ultimos Dias no son Cristianos? El es nuestro Salvador y Redentor.
olagrande23 3 years ago 6