Si el odio a los judíos es el resultado de una mente totalmente trasntornada, de la diseminación de las semillas de ese odio solo puede esperarse la germinación convulsa de más y mayores cosechas de ignorancia en la perfectamente abonada tierra de la estupidez humana. El odio a Israel basándose en libelos demostrados, documentalmente, como falsos, no surge pues de una mente brillante, sino de la mente de un enfermo.
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