Canción interpretada por Barresca en los funerales del dictador Juan Velasco Alvarado en 1977, de quien estuvo siempre enamorada. Se dice incluso que fue ella misma quien amputó la pierna del militar años antes y la mandó embalsamar y llevaba siempre consigo en sus giras, enfundada en una bota de caballería.
En 1973, cuando muere Lucha Reyes, Barresca pasó a ser la figura favorita del Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas. Dos años duró su gloria al lado del poder.
Cuando en 1975 Velasco es derrocado, Barresca se convirtió en un personaje odiado por haber apoyado la dictadura y el país se dedicó a olvidarla. Sus discos y afiches fueron quemados y de ser considerada el orgullo peruano, la mejor voz del continente, su nombre se convirtió en una mala palabra, sinónimo de traición e ignominia.
Tras sufrir ese rechazo, la Diva decidió que nunca más le verían la cara. "¡Lo que quieran, pero mi cara, no!", por esos jamás se le puede ver en sus videos.
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