Un camino nada fácil, sin duda. Antes de llegar a Xibalbá los mayas tenían que superar duras pruebas. Un intrincado recorrido jalonado de cuevas y cenotes -depósitos de agua manantial, situados a cierta profundidad-.
Lo que los arqueólogos han encontrado es una red subterránea de cuevas que funcionó hace siglos como una recreación de la entrada a este inframundo.
Una ruta mágica en el imaginario colectivo mexicano.
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