La película 300, narra la historia de unos cuantos cientos de espartanos que se enfrentaron contra decenas de miles de persas (el número no se sabe a ciencia cierta pero se habla de entre 100.000 y 250.00, o sea: muchos) en la batalla de las Termópilas.
Tenemos en nuestra historia rioplatense un episodio similar ( y más real me atrevo a agregar), no difundido de acuerdo a la importancia que tuvo. Pero, sabemos, lo que pasa en estas tierras tiene menos rating que lo pasa en Europa, aunque sea hace 2500 años.
Se trata de la tenaz resistencia que ofrecieron los orientales en Paysandú, frente a fuerzas combinadas argentino-brasileñas. Eran los meses previos a la Guerra del Paraguay y en el Uruguay gobernaba el Partido Blanco, siempre molesto para las ansias civilizadoras de Mitre y del Imperio del Brasil. Había que remover ese escombro del Río de la Plata. ¿La excusa? El presidente oriental, Prudencio Berro, estaba de malas con la Iglesia y echó de su puesto a un cura por meterse donde no le correspondía (el Uruguay tuvo siempre una fuerte tradición laica y la Iglesia tenía mucho menos poder que en otras regiones del continente). Entonces Mitre se embanderó con la cruz (raro en él, tan liberal el hombre) y mandó a Venancio Flores, famoso degollador de montoneros en Cuyo, a invadir el Uruguay a fines de 1864. Lo apoyarían soldados y la flota brasileños.
Los orientales, al mando de Leandro Gómez, sumaban poco más de 1.000 hombres (incluídos algunos argentinos federales, paraguayos y unos cuantos europeos), mientras que los partidarios de Flores y los brasileños eran más de 20.000. Un mes duró el sitio, desde el 2 de Diciembre de 1864 hasta el 2 de Enero de 1865.
Se denomina como Defensa de Paysandú a la defensa de Paysandú frente al sitio impuesto por las tropas de Venancio Flores y su aliado, el Imperio de Brasil y la Argentina de Bartolomé Mitre entre diciembre de 1864 y enero de 1865
El 2 de enero de 1865, luego de vencida la heroica resistencia de la guarnición de Paysandú y de caída la ciudad en manos de Flores y sus aliados extranjeros, Leandro Gómez, junto a otros altos oficiales, sucumbía bajo las balas de un pelotón de fusilamiento por orden de los generales colorados Pancho Belén y Gregorio Suárez, el Goyo Jeta.
Se convirtió así en el paradigma del héroe, con su inevitable impronta romántica. Nos deja una lección de dignidad, de entrega y de amor a la patria. Porque no olvidemos que la causa por la que peleó y ofrendó su vida el general Leandro Gómez es nada menos que la defensa de la soberanía. Sin caer en esquematismos ni en una visión maniquea de la historia, bueno es precisar que en aquel conflicto, un pequeño país debió resistir la subversión armada del general colorado Venancio Flores con el apoyo de la Argentina de Mitre y del Imperio del Brasil. Bueno es recordar, también, que aquella invasión --que Flores tuvo el tupé de llamar "Cruzada Libertadora"-- se produjo bajo el gobierno perfectamente constitucional de Berro a quien sucedió legítimamente Atanasio Aguirre. Y finalmente, corresponde tener presente que aquello fue el preámbulo de la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, una infamia en la que intervino Uruguay en retribución a los favores recibidos por Flores de Brasil y Argentina.
Toda la resistencia oriental contra la sedición florista y sus aliados tiene ribetes heroicos, pero particularmente la epopeya de Paysandú es un ejemplo de heroísmo que merece nuestro recuerdo permanente.
Para terminar, creo del caso citar el comentario de Washington Lockhart sobre la muerte de Leandro Gómez, extraído de su obra "Leandro Gómez. La defensa de la soberanía", Ediciones de la Banda Oriental, 1977, página 94:
"Recibió todos los disparos en el pecho, cayendo muerto en el acto. De sus heridas no salió ni una gota de sangre, quedando solamente las marcas de las balas. (...) Así cayó Leandro Gómez mortalmente herido; pero no en su carne viva, sino solamente en la superficie del acontecimiento, al que fuera conducido como a ese borde definitorio en donde él era más él que nunca. (...) Y si las balas de sus verdugos no le sacaron sangre, es porque no le quitaron sino la muerte que él ya había ofrendado, pero no la vida, que estaba más allá de toda circunstancia. Al fin de cuentas, es con muertes así que se construye la verdadera Independencia".
Honremos, pues, la memoria de este héroe prototípico. Pero tengamos cuidado de no convertirlo en estereotipo.
Muy bueno, una parte de la historia que desconozco pero que no me sorprende.
Me gusto como esta hecho.
Saludos.
andres1685 2 months ago
@andres1685 Gracias amigo, saludos
miladinoff 2 months ago