Las palabras del Gran Jefe Zapatero, que deberían ser aprendidas en la escuela española, como los americanos aprenden el discurso de Abraham Lincoln en Gettysburgh. El legado de un hombre recto, que Sarastro recoge e incorpora a la Comunidad de la Luz. Las últimas palabras, que aún reverberan en nuestros corazones, son repetidas por el coro de sacerdotes, cual encantamiento al que difícilmente pueden resistirse. La oscuridad da paso a la luz, la noche al día, el fuego al agua, la duda a la certeza. Gran Jefe Zapatero, tus palabras viajan ahora por el viento, ese viento que lo invade todo y posee cuanto acaricia, y salen al encuentro de las del jefe Seattle, para formar nuevos y maravillosos mensajes de esperanza que el viento nos devolverá, en frases sueltas, sin sentido, pero que tú te encargarás de unir y pronunciar de nuevo. Gracias por ser como eres. No cambies nunca, ni tú ni tus asesores.
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