No es la fiesta la causa de la alegría, sino la alegría de vivir la causa de la fiesta.
Por eso en el Cabezo el Carnaval es distinto a todo, porque la alegría que conjura a la meléfica tristeza, esa alegría en Cabezo de Torres habita todo el año.
Ya alumbran los faros, ya amaina la tormenta y el bramar de la ventisca. Ya no resuenan los truenos de la noche ni hay rayos amenazantes.
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