El vínculo que guardamos con el planeta Tierra va más allá de ser un simple hábitat, un hogar. Todas las partes que conforman nuestro ser, nuestros átomos, nuestras células, nuestra sangre, alguna vez pertenecieron a una planta, un animal, fueron nutrientes de la Tierra.
Los siglos han pasado y nos olvidamos de la importancia de esta relación. Nos olvidamos que cuando niños sentimos una vez el abrigo de la Pacha Mama, quien nos decía por vez primera: "bienvenido al mundo".
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