Pequeñeces es un espectáculo realmente bueno por muchas cosas, por su humor, por su ternura... Y por su final. La bebita confunde al titiritero con su padre y durante toda la obra él explica una y otra vez que no es su padre. Aún así, le cambia el pañal, la da de comer, la pone a dormir... Y justo cuando más integrado y más feliz está con la bebé, cuando traban amistad, cuando se cogen cariño, ¡llega la cigüeña para llevársela!
Pero respirad. Hay final feliz.
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