En Bolivia, como en la mayoría de países latinoamericanos, el sector informal está compuesto por trabajadores y negocios que al no registrar oficialmente su actividad productiva ante los organismos estatales, carecen de los beneficios que otorga el gobierno en el área de pensiones, protección en salud y seguridad.
En un esfuerzo por apoyar al gobierno de Bolivia en la disminución de la informalidad, el Banco Mundial desarrolló un estudio en el que se analizó ésta problemática en el país y en el que se identificaron las restricciones más importantes para el desarrollo y formalización de los trabajadores, así como el de las micro y pequeñas empresas. El estudio encontró que los factores determinantes para entrar en el sector informal son los mismos para hombres y mujeres. Sin embargo, el 65% de los trabajadores informales son mujeres.
La informalidad se traduce en una importante reducción de las perspectivas del desarrollo del país comprometiendo las posibilidades de luchar contra la pobreza de manera efectiva y sostenible.
Son muchas las familias en Bolivia que aún llevan su vida a cuestas, por no tener una actividad económica formal que les proporcione estabilidad, seguridad, educación. Esta es una realidad demasiado compleja e importante como para ser ignorada. Los riesgos de no intervenir oportunamente son muy grandes. Sin embargo, las ventajas de asumir este reto son aún mayores para el pueblo boliviano.
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