Apoteósico final del magno pregón de Semana Santa a cargo del sacerdote toeldano d.Juan Alberto Ramírez Avilés en el teatro Quijano de Ciudad Real el pasado 21 de marzo de 2009
Páramela Capataz, que es hoy mi pascua y primavera la que voy va racheando. Abridme el balcón, que huela a azahares y cera bajo platas de luna llena
No veis que me espera la Virgen rondando ya mi cancelaYa voy, mi Madre buena, abre Tú esas manos que la pena te cierra, que quiero dormirme, Dolores, en tu palio marino de estrellas
Que toque la banda para ti mi última ofrenda, esa que le hacía al pregonero llorar de nostalgia y de pena, tocadme Madrugá pues hoy la madruga manchega no podré jamás ya verla
Entre las Palmas de su salesiana entrada, y entre olivos de Cautivo en Prendimiento, dejadme sin espinas ni Penas dormirme entre el Perdón de su Misericordia llena. Que su blanco y Dulce Nombre sea para mí, sin flagelos, la Bondad de mi Consuelo. Dadme por viático el Pan de la Cena en mi cuerpo y dejadme dormido entre sus apóstoles en un perfumado Huerto. Que no me arranquen la Esperanza en el Mayor Dolor de mi Buena Muerte en Silencio. Y con un costado abierto, pura Caridad, Estrella de mi sueño, dejad que Pilatos me presente ante mi amante Juez como un reo. Dejadme que mi última Pasión tras sentirme Caído, con Cinco Llagas mi corazón muerto, sea un abrazo definitivo en un Encuentro que ya será eterno. Y que las Aguas de mis ojos sean Perdón como fueron para aquel buen ladrón. Dejadme por Piedad en Soledad, cuando huyan la Amargura, y que mi cuerpo en Descendimiento sea recogido ya en un lienzo y me arrullen sin Angustias en un regazo materno. Y rezadme en mis últimos Dolores, susurros de Ave María, en ese trance supremo en que extenderé mis manos yertas a mi Jesús el Nazareno
Y tras cerrar mis ojos
en perfumes de Prado nuevo,
dejad que mi Alegría
sea vivir para siempre
en ese jardín cofrade,
que soñamos los manchegos,
donde están mi padre y mi madre
junto a los buenos costaleros.
Sí, déjame Ciudad Real,
que sea mi Resurrección
vivir para siempre
en su paso azul de terciopelo,
eternamente mecido
por arcángeles costaleros,
con luces de candeleros
de un cielo de primavera
cuajadito de luceros
Y que Ella me mire,
y yo mirarla sin tiempo
para decirla riendo:
Aquí está tu sacerdote costalero,
y esta es la gloria Madre
que desde niño yo quiero:
la de vivir para siempre,
Dolores, en tu Cielo,
Cielo azul Perchelero
Ahí quedó
Contigo tiene uno una maravilla más que contar sobre lo feliz que se es siendo sacerdote. Cuando me pregunten, diré: "Soy el sacerdote más feliz del mundo porque, entre otras cosas, el Señor me hizo amigo de Juan Alberto Ramírez Avilés".
FrayRober 2 years ago