"Sacerdotes íntegros e integrados a la comunidad"
El sacerdote no está aislado del mundo, así se hace real lo dicho por Jesús: "no te pido que lo saques del mundo sino que lo preserves del maligno". El sacerdote es un hombre de fe, pero sigue siendo hombre por lo que su vocación esté llena de retos y constantes luchas para mantener su SI en fidelidad. El mundo de ahora vive en una constante polémica de cómo un hombre puede renunciar a todo lo que el mundo le ofrece para poder servir. El placer, el tener y el poder son la generalización de las tentaciones que, con más énfasis rondan delante del sacerdote para poner a prueba la respuesta que cada día debe vivir. Principalmente él es quien debe vencer a estos ofrecimientos del mundo fácil, pero también la comunidad unida anima y ora por su guía. La iglesia, goza así, de una armonía entre la fidelidad del sacerdote como hombre y del apoya de la gente como iglesia viva. El sacerdote es un testimonio íntegro e integrado a la comunidad.
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