Pero una de las substancias más superiores nacidas en el organismo es la energía sexual, que es capaz de engendrar un nuevo cuerpo vivo. En un laboratorio, ningún científico es capaz de producir la más pequeña célula viva, mientras que el sexo es capaz de crear un mecanismo muy complicado, tanto como nuestro cuerpo. Por eso, en la antigüedad, el sexo se consideraba algo sagrado. La gente adoraba el sexo y la fertilidad, viendo en él la fuerza superior creadora de la vida sobre la Tierra.
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