1952. NO-DO.
¿Por qué se atreve alguien desde el erial de Ramoncín, Almudena Grandes o Boris Izaguirre, desde la más apocalíptica situación de fracaso escolar de nuestros infantes y desde el escenario de las grandes estanterías repletas de cursis y comerciales superventas a pontificar sobre la crisis cultural de los años del franquismo? Es un misterio.
Sin razones, sin datos que acrediten tal afirmación y con miles de documentos que reafirman la tesis contraria, la verdad, suena a atrevimiento infantil o a propaganda sectaria. ¿Cómo reconocer el florecimiento espectacular de la cultura española en todas sus disciplinas desarrollado bajo la égida del estadista gallego? Sería tanto como llegar a sincerarse con el (cada vez más escaso) público de nuestro cine y explicarles que un puñado de 5 ó 10 películas de entonces escogidas al azar entre cientos valen más que cientos de las últimas décadas escogidas a propósito. Impensable. Estaríamos hablando de tumbar de un plumazo toda la construcción ideológica del antifranquismo, ayuna de ideas, sobrada de incapacidad y justificada ante el ciudadano sólo por su oposición al diluvio, esto es, al "sanguinario, mediocre y represivo franquismo".
Pero la realidad va por libre de la mano de los documentos, y aquí traeremos a una y a otros para aclarar el asunto y dejar a la progresía, una vez más, con una mano delante y otra detrás (ideológicamente hablando, claro).
Link to this comment:
All Comments (1)