Esta ciudad gris
teme tu voz, tu erupto de gigante.
Gordo, dueño mío;
el cerebro de zafiro,
el granito de mis pies,
el carbón de todos los días;
me recuerda
que tú has de llegar un día a cubrirlos con tu acento de plomo
y que me volverás sombra caminante.
Temo de la noche
que tienes escondida en tu estómago de fiera terrenal
temo por mis hijos
por tu asesinato.
Tu sombra monumental
es el ahogo de mi garganta
cuando pienso en que un día he de tragarla.
Veo tus desmedidas
ungüentadas venas de canales rojos
por donde navega nuestro centro
desmesuradas que vuelven
a nuestros edificios
minúsculos botones de energía.
Has de tener risa de reptil
has de tener , en toda tu edad,
la sabiduría del romance largo
de la espera asentada
has de saber que la muerte
es una caliente resina que nunca ha de irse
nunca ha de irse, como tú, amor de tezontle.
que tengo en mis labios la ansiedad de besarlo.
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