Durante la celebración de la Cumbre G-20, en Cannes (Francia), Zapatero muestra su total desprecio por su ministra de Economía y Hacienda, Elena Salgado, una inepta e insulsa antigua funcionaria del Estado, sin la menor capacidad política. Como la incomunicación entre ambos es evidente, la Salgado se ve obligada a peregrinar de corrillo en corrillo, poniendo el oído para enterarse de las conversaciones entre Zapatero y otros jefes de Estado, actitud cotilla e impresentable ante la que Zapatero reacciona dándola la espalda, gesto especialmente visible durante su conversación con la lagarta argentina.
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