Atardece y ves cómo el sol es engullido por el mar, mientras una melodía cualquiera sume tu alma en la melancolía. Recuerdas cómo eras cuando los sueños todavía eran posibles. Y ahora, sin ir a ninguna parte, sientes la alegría de esa indiferencia que sólo cura la belleza efímera del tiempo que se va.
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