En contraste con la fealdad plástica del cine documental mexicano y del cine mexicano a secas, las imágenes de MARÍA SABINA. MUJER ESPÍRITU pueden parecer rebuscadas o "demasiado hermosas"; pero no hay mácula de esteticismo en ellas. Cercano a la humildad de experiencias flahertianas como las de Burns ('Juan Pérez Jolote', 1973) y Groulx ('Santa Gertrudis', 1976), el primer largometraje del cineasta místico Nicolás Echevarría es un modesto retrato de cine en directo, lleno de afabilidad y respeto, que se sustrae a cualesquiera facilidades, traiciones o degradaciones de lo real. Un perfecto atisbo vital anti-'Rigo' (Vío, 1978). No persigue la espectacularidad; antes bien, la desarma hasta con el voto de pobreza de un rodaje que parece de one man team. No busca el sensacionalismo, si bien su estreno en la Ciudad de México (julio de 1979) sirvió como pretexto para pasear a la célebre chamana por la megalópolis, vilmente exhibida, cual monito de organillero, por los delirios espiritistas oficiales de la funcionaria Margarita López Portillo en persona. No se pretendía un tratado de etnomicología pop ni se aspiraba a ilustrar, confirmar o refutar ninguna tesis cientificista, religiosa o mágica. No duplicaba ni amplificaba las cualidades vejatorias banalizadoras del reportaje televisivo. No hay coctel de estilos documentales; predomina una misma técnica de aproximación atenta.
El filme ha hecho caso omiso de toda la literatura -docta, propagandista, divulgativa, distorsionadora- que sepulta al fenómeno María Sabina. Más allá de las apariencias y de los intermediarios, el filme va a las fuentes; va en busca de la mujer para restituirle su concreción. Descubrir, como una imagen contigua, su corporeidad, su dimensión humana, al margen del mito y el alucine jipioso. (...)
Con base en cintas grabadas in situ y traducidas del zapoteca por Álvaro Estrada, se ha elaborado un texto muy sintético y vivo en el que habla la sabia en primera persona, confesando su ejecutoria autobiográfica ("Mis dos maridos, mis hijos muertos de enfermedad o asesinados, mi primera toma de hongos, mi afución por el cigarro puro para fumar el corazón de Dios, mi pobreza, mi resignada espera de la muerte"), mezclado con las invocaciones de la curandera. Las dos dimensiones del discurso de María Sabina son leídas en off por el escritor oaxaqueño Andrés Henestrosa, con voz neutra, pausada, al compás del ritmo general del filme, sin énfasis, modulando con sutileza, a un tiempo, la fascinación por la palabra y el distanciamiento reverente: una poética en primera y última instancias.
- Jorge Ayala Blanco
Bendita sea esta mujer. Gracias de corazón por darme la oportunidad de ver algo así
danimorenox 3 days ago
sabia mujer de dios
isafaby0121 3 weeks ago
desde mi mas humilde punto de vista, quien no haya probado un hongo, no podra saber de que se esta tratando transmitir, Maria sabina,,,,,,, en su mas humilde expresion ...............
666DrDeDoVeRdE666 4 months ago