Jugar a baloncesto y dibujar personajes fantásticos son las dos pasiones de Abel, un niño que sabe muy bien qué quiere ser de mayor: el mejor cocinero del mundo. Montar un pequeño establecimiento de hamburguesas es su particular proyecto de futuro. Él cocinará, su madre será la camarera y los bocadillos no costarán dinero, sino que se intercambiarán por piñas.
Para Abel, todo nos iría mucho mejor si dejáramos que los niños tomaran el mando del planeta. Porque ellos sí saben cómo acabar con las guerras, la pobreza... ¡e incluso conseguir trabajo para todos!
Hay poco trabajo, porque ahora no sé por qué están despidiendo a la gente.
El otro día le conté a mi madre que gracias a la crisis trabaja menos y puedo estar con ella.
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